Después de largos años de
dictadura en Chile, en donde la ciudadanía se vio obligada a callar por miedo a
represalias y por las constantes violaciones a los D.D.H.H ( y en donde
claramente no había una representatividad política), donde posteriormente tras
la vuelta a la democracia hubo un largo silencio hacia las injusticias del
modelo neoliberal imperante, en donde los pobres cada vez eran más pobres y los
ricos cada vez se enriquecían más como también adquirían más poder en las
instituciones políticas y con eso mayor representatividad, en el año 2006 los
estudiantes secundarios vinieron a criticar el modelo imperante, creando el
inicio del despertar ciudadano con la llamada “revolución pinguina”.
Recién en el año 2011 con un
nuevo movimiento estudiantil más fuerte, en donde las exigencias no eran solo
educaciones, sino que comenzaron a trascender este ámbito y comenzaron a
visibilizar las distintas problemáticas del país como por ejemplo: la salud,
las afp, el salario mínimo, la corrupción, el lucro en las distintas
instituciones, entre otros. Así, tras diversas marchas que convocaban a miles
de personas a lo largo de todo Chile, como también los distintos tipos de
movilización y el uso de redes sociales, se hizo un llamado a la sociedad a
despertar, como también a exigir sus derechos,
de esta forma, se hizo latente el descontento generalizado hacia la
clase política, y se paso de ser un movimiento estudiantil a un movimiento
social, en donde se unieron distintas organizaciones, trabajadores y la
ciudadanía.
La
ciudadanía comenzó a criticar el modelo neoliberal y comenzó a exigir cambios a
la clase política, pero ésta no era (ni es) capaz de crear políticas públicas
que solucionen las problemáticas más urgentes que afecta directamente a las
personas más vulnerables, produciendo el principio de la crisis de
representatividad. Luego salió a la luz las distintas corrupciones de los
representantes políticos, como también las colusiones entre las farmacias,
ahora el papel higiénico y día a día se suman; lo que agudizó dicha crisis, la
que se ve claro en las encuestas públicas, terminando la Presidenta Bachelet
con un 26% de aprobación el mes de nombiembre.
En
el trasfondo hay un rechazo hacia la clase política y un sentimiento de cansancio
frente a promesas incumplidas. Hay un desprecio a la política.
Considerándoseles dentro de un mismo conjunto, el gobierno y la Concertación no
se ponen en sintonía con una ciudadanía que quiere cambios radicales,
profundos, y los quiere ahora, generando de esta forma un cuestionamiento del
orden institucional.
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